miércoles, febrero 02, 2011

Ni egoístas, ni altruistas; simplemente libres desde una mirada existencialista

“Existencia es lo que nunca es objeto;
es el origen a partir del cual yo pienso y actúo,
sobre el cual hablo en pensamientos que no

son conocimiento de algo: "existencia" es lo

que se refiere y relaciona consigo mismo y,

en ello, con su propia trascendencia.
Karl Jaspers

¿Por qué estamos aquí?, ¿Qué hay más allá? Existen millones de preguntas, las cuales tienen infinitas respuestas, pero ninguna logra convencernos de manera consistente, pues seguimos poniendo en tela de juicio siempre aquello que es incierto, lo desconocido, lo que nos hace sentir por un minuto que no somos nada. “Somos arrojados a la existencia”, nos dice Jean Paul Sartre; de repente aparecemos en este mundo, sin manual que nos diga lo que debemos hacer, somos libres, simplemente existimos; pero sólo eso. Y que hay con la moral, ¿Existía antes que nosotros?, ¿Quizá realmente en nuestro interior podemos encontrar el Superyó de Freud?, ¿Precede realmente la existencia a la esencia?

Desde un punto de vista sartreano, somos individuales en todo el sentido de la palabra, lo único común entre nosotros, como seres humanos, es que el hombre “existe”; en ninguna caso venimos predestinados a algo, ni menos a formar parte de un todo; somos solos, íntegros y libres. Libres para pensar, para crear, para soñar y es justamente sólo desde el momento en que somos capaces de idear algo, que comenzamos a forjar nuestra propia existencia, antes de eso… no somos nada. Pero esto de existir por ningún motivo puede considerarse como gratuito, pues trae consigo “una cruz” que podría llegar a ser muy difícil de cargar; se trata de la libertad.

Nunca debemos renunciar, ni por un minuto si quiera al ser libres, pues si llegamos a hacerlo nuestra existencia podría volverse inauténtica y se convertiría en una “trampa” de la cual podría resultar muy difícil salir; es la existencia del ser humano libre lo que define su esencia, por lo tanto “no somos ni egoístas, ni altruistas, sino que simplemente libres”.

Yo creo firmemente en la idea de que el hombre es libre y constantemente está forjando su “libertad” y que eso conlleva la fastidiosa carga de la responsabilidad por los actos. Somos libres, elegimos siempre, eso es una obligación de la cual no podemos escapar; nunca “somos”, sino que siempre estamos “siendo”, únicamente llegaremos a ser el día en que nos encontremos muertos; pero el hombre no puede entender que esto sea así, entonces trata de pensarse como “algo” , como un robot, como una máquina que viene programada con una finalidad concreta, que posee una estructura interna de pensamiento predeterminado, el individuo tratar de hacerse una cosa, de “ser”, como por ejemplo una silla lo “es”, que tiene un fin, un uso. Ese es el resultado de que la elección al hombre le resulta angustiosa, y necesita arrancar de eso, ese sentimiento que le provoca el tener que elegir; esa libertad de actuar hoy como Y y mañana como X, nos atormenta, tomarle el peso a que podemos realmente cambiar de opinión al día siguiente sin atribuirle a ello el carácter de bueno o malo, sino simplemente atendiendo a que somos libres; nos provoca desconcierto, porque como el mismo Sartre señala, “existir es completamente absurdo”, todo es contingente y no hay nada que pueda explicar la existencia. Tras esa decisión del hombre libre, no hay ningún contenido valórico; la elección carece de toda moral establecida en el tiempo, nada nos condiciona a actuar de tal o cual forma. Lo que sí existe es una moral de situación, ella se va creando al mismo tiempo que se va gestando la elección. Elegir es inventar y el hombre que se inventa un determinismo, es un hombre de mala fe que miente por falta de compromiso, por querer arrancar de la condena de la libertad; la concepción del hombre como un ser egoísta y que se mueve por un interés propio es precisamente desde este punto de vista un actuar de muy mala fe, y aun que muchos lo hayan entendido de otra manera, concebir al hombre así , es justamente inventarle un determinismo y creer que tiene esencia y que ella precede a la existencia, lo que es aberrantemente contrario al existencialismo.

Personalmente, no me conformo con que el hombre deba vivir constantemente agobiado y angustiado por el compromiso de la elección; tal vez para quienes

creemos en la existencia de algo más allá de nosotros, lo que importa no sea la vida terrenal, sino la que viene después de ella que es desconocida, posiblemente es eso lo que nos permite aguantar que esta vida sea angustiosa, pues en el fondo del corazón tenemos la esperanza de que algún día terminará y comenzará algo mejor.

Sea que creamos o no en la trascendencia del alma, lo único cierto es que somos infinitamente libres y de ello lo más importante es tomarle el peso a que ser egoístas o altruistas está en cada decisión que tomamos, no viene genéticamente dentro de nosotros, lo único que poseemos intrínsecamente es la libertad. Simplemente y ciertamente somos libres; pero hoy en día renegamos de esa libertad, actuando de mala fe, tratando constantemente de cosificarnos, de materializarnos como un objeto, de tratar de darle explicación lógica, racional y determinista a nuestra existencia.

Sin descanso hemos creado una sociedad, donde la imagen del hombre es algo completamente predecible, que incluso puede ser analizado por una máquina a la cual le hemos dado nosotros mismos el poder de decirnos como debemos actuar, ¿Ahí donde quedó la libertad?... Creemos que somos libres, creando determinismos, Nash nos dijo que “éramos” egoístas que “éramos” interesados en nuestro propio bienestar; pero yo insisto en la idea de que el hombre nunca “es”, no hay determinismo humano, no “somos”, simplemente existimos, no tenemos esencia, jamás mientras estemos vivos podremos ser algo; sino que incansablemente estamos siendo, somos un constante devenir, elegimos constantemente, hoy puedo actuar egoístamente y mañana puedo querer compartir, ¿Por qué no podría cambiar de opinión?.

La riqueza de pensamientos existentes en el mundo, radica en que somos libres. Si tuviéramos una esencia, entonces todos “pensaríamos” de la misma manera y no habría esta gran cantidad de formas de ver las cosas y la vida en general. Querer tratar de unificar nuestras formas de pensar es tan absurdo como no admitir que el hombre es capaz de idear lo que quiera, de la manera que quiera y cuando quiera; porque es libre, completamente libre.

Finalmente, si bien siguiendo el existencialismo sartreano para el hombre no hay una moral predeterminada, pero sí de situación cave reiterar y reafirmar que ese actuar siguiendo esa moral de situación no tiene porqué ser egoísta, el hombre hoy puede elegir pensar en lo que le conviene a él, pero mañana decidir actuar conforme a lo que al otro le conviene. Muchas veces ni siquiera nosotros mismos sabemos cómo vamos actuar. Ahora, bien se podría pensar que es renunciar a la libertad y actuar de mala fe, cuando el hombre deja de actuar como su moral de situación le dice, para estar ad hoc con el resto de sus semejantes. Es ahí cuando tajantemente me atrevo a decir que hemos renunciado a nuestra libertad; pero que como seres humanos seguimos siendo libres aun que no queramos verlo así.



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